Si estas leyendo esto, sabrás que vivir con una adicción ya sea a la pornografía u otro pecado es vivir esclavizado, guardando secretos y dañándote a ti mismo y a quienes amas. Pero también creo que no es casualidad que estés aquí y si dispones tu corazón, sé que el Espíritu Santo te guiará por estos 7 pasos a la libertad.
1. Reconocer que
tengo un problema y buscar ayuda
Cuando llegamos al punto de tocar
fondo, finalmente aceptamos que tenemos un problema y que necesitamos ayuda. Estamos
tan desesperados que estamos dispuestos a hacer todo lo que nos digan con tal
de ser libres de esta adicción. Éste, es el punto perfecto en donde Dios puede
trabajar; en un corazón genuinamente arrepentido. De lo contrario, vamos a
estar repitiendo el ciclo una y otra vez, buscando justificarnos o minimizando
la situación, ya que probablemente, solo hemos tenido remordimiento por las
consecuencias que podemos estar viviendo
2. Renunciar al control
Realmente, nunca has tenido el
control. Si tuvieras el control de dejarlo por ti mismo, ya lo hubieras hecho y
no estarías leyendo este artículo. Cuando decidimos renunciar al control y
aceptar que con nuestras propias fuerzas no podemos lograrlo, esto nos trae un
descanso, pues empezamos a depender de la obra redentora de Dios en nuestras
vidas y ya no de tu fuerza de voluntad que parece no bastar. Renuncia al
control hoy, y entrégaselo a Dios.
3. Cancelando la
mentira y creyendo la verdad
Cuando estás en una adicción, el
enemigo busca acusarte, busca convencerte de que eres un esclavo, que nunca
podrás salir de esto, que siempre tendrás que cargar con esta maldición y
siempre tendrás que llevar este secreto.
Un día, el Señor, me quitó la venda de
mis ojos y me trajo la convicción de que no soy esclava de ningún pecado; Él ya
había pagado un precio muy alto por mi libertad. Mi libertad fue comprada por
la sangre de Cristo Jesús. Yo estaba viviendo en esclavitud, teniendo las
puertas de la libertad justo frente a mí.
Le pido a Dios que esta verdad atraviese hasta lo más profundo de tu ser
y se vuelva una convicción en ti y aun cuando en este proceso de santificación tengas
tus últimas recaídas, te levantes inmediatamente, y vayas a la presencia de Dios
y declares “Señor, perdóname porque he pecado, yo me arrepiento y declaro que
soy libre en el nombre de Jesús de toda adicción y aplico la sangre de Jesús
sobre mi mente y todo mi ser”
4. Más de esto y
menos de aquello
Teniendo ya una mentalidad de libertad
es hora de empezar a ser intencionales. Con la ayuda del Espíritu Santo y no
con tus fuerzas empieza a realizar cambios en tus hábitos
Estos son solo unos pocos ejemplos.
Cuando empiezas a quitar de tu vida las cosas que te hacen caer en pecado
(columna A) y empiezas a llenar tu vida de cosas que te acercan más a Dios
(Columna B), lo que haces es debilitar a tu carne; deseos pecaminosos y
fortalecer tu espíritu; el espíritu es quien se conecta con Dios para hacer su voluntad. Cuánto más debilites a la carne, menos tentado
te sentirás y cada vez se hará más fácil. (Gal 5)
5. La tentación y
los detonantes
Todos tenemos diferentes debilidades y
estas van a estar ahí por el resto de nuestras vidas. ¡Pero no te desanimes! Cuando
estamos fortalecidos en el espíritu ya ni nos percatamos que la tenemos, sin
embargo, siempre debemos permanecer alertas. “el que esté firme, cuide que no
caiga” y esto es lo mejor porque nos hace vivir dependiendo de Dios.
Pero al principio del proceso de
santificación, si que vamos a padecer de muchas tentaciones, por lo que debes
ser radical y no confiarte en decir “yo puedo controlarme”. Recordemos: No
tenemos el control. Por lo que deberás evitar todo lo que te provoque incluso
un pensamiento que te pueda llevar a pecar. El enemigo tan solo necesita que
abras la puera un milímetro para entrar. Por ejemplo: en la pornografía
(navegar en el internet, películas con escenas apasionadas, celular, lugares
solitarios, etc)… debes ser intencional en detectar tus detonantes. Sí
identificas que siempre cuando estas en tu cuarto a solas, empiezan a venir
pensamientos e imágenes, pues muévete rápido, clama la sangre de cristo en tu
mente, y vete a un lugar público. Si sabes que juntarte con tus amigos,
siempre te llevan a una copa, tras otra, pues evita juntarte; valora tu
santidad y tu libertad y no vuelvas al mundo de esclavitud.
Sanando heridas
Debemos empezar a identificar los detonantes.
Un detonante, es como cuando tienes una herida y tal vez ni te has dado cuenta
que te lastimaste, pero en el momento que alguien o algo toca esa herida, pegarás
un brinco y reaccionarás en contra de quien la tocó.
Por lo general, las adicciones tienen
origen en una herida del pasado de la cual somos conscientes o no. Identifica, en qué ocasiones empieza un deseo
por caer en la adicción; puede ser un lugar, una discusión, un sentimiento de
soledad, miedo, enojo, etc. y con la ayuda del Espíritu Santo identifica esa
herida y pídele a Dios que la sane; Él te dará el proceso para sanar. Lastimosamente,
muy pocos se toman el tiempo de sanar heridas, pues prefieren dejarlas
enterradas y seguir su camino, pero lo que no saben que tarde o temprano el dolor
tiene su forma de salir. No basta con
encerrarte y alejarte de la adicción; al momento que salgas, si no has sanado
esa herida, vas a volver a la adicción, pues el origen o la causa no ha sido
resuelta.
6. Por qué vivir
en santidad
- Porque Dios es Santo y nos llama a seguir su ejemplo. “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” (1 pe 1:15-16)
- Porque Dios nos escogió antes de la fundación del mundo a ser santos y sin mancha delante de Él. Ese es el propósito de nuestra vida. “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él” (Efe 1:4)
- Porque Jesús murió en la cruz y compró nuestro cuerpo con su sangre. Nuestro cuerpo le pertenece a Él. “¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.” (1 Cor 6:19-20)
- Porque Dios ya me ve como santo, pues por su sangre nos justificó. “ Y esto erais algunos; más ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Cor 6:11)
- Porque viviremos la eternidad en un lugar santo y sin santidad no veremos a Dios. “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.” (1 Cor 6:9-10)
- Porque sin santidad no tengo comunión diaria con Dios. “Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. Si decimos que tenemos comunión con él, y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad;” (1 Juan 1:5-6)
- Porque sin santidad no tengo comunión con los demás. “7 pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7)
7. Rendición de
cuentas
El moho crece en la oscuridad, al
igual que el pecado sexual u otra adicción. Todo lo que mantengamos en secreto
va a seguir creciendo y encontrará una manera de salir a la luz de una forma
perjudicial. Mientras no confesemos nuestros pecados, primero con Dios y luego
con algún creyente maduro en la fe, Satanás tendrá un derecho para acusarnos.
Cómo y para qué rendir cuentas a otros:
- Cuando confesamos nuestro pecado a Dios somos perdonados, pero cuando confesamos nuestros pecados a un creyente maduro en la fe, obtenemos libertad; el enemigo ya no tiene con qué acusarnos, pues el secreto ya fue expuesto a la luz. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho.” (Sant 5:16)
- Ayudarnos a levantarnos cuando hemos caído. “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.” (Gal 6:1-2)
- Animarnos a mantenernos en santidad. (Apo 3:15-16)
- Ayudarnos a resistir los ataques del enemigo. “Y si alguno prevaleciere contra uno, dos le resistirán; y cordón de tres dobleces no se rompe pronto.” (Ecle 4:12)
- Vivir en la verdad y en amor para alcanzar la estatura del varón perfecto. (Efe 4:15)
- Instruirnos y aconsejarnos con la Palabra de Dios (Col 3:16)


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